Saturación de basura espacial obliga a tenerla bajo vigilancia

Lo peor no es que la Tierra esté envuelta en una nube de basura espacial; lo peor es que esa nube sigue creciendo. Los radares de la Red de Vigilancia Espacial estadounidense, militar, rastrean ya unos 22.000 fragmentos de chatarra, desde pedazos de sólo unos centímetros hasta satélites enterosen desuso. Y se estima que esa cifra se triplicará en los próximos 20 años. Mientras las agencias espaciales buscan soluciones creativas al problema, la Agencia de Proyectos de Investigación Avanzados para la Defensa estadounidense (DARPA) ha desarrollado el mayor telescopio del mundo destinado en exclusiva a observar la basura.

El SST (siglas en inglés de Telescopio para la Vigilancia Espacial) no es el primer telescopio para este fin. La Agencia Espacial Europea (ESA) dedica a ello, aunque no de forma exclusiva, el telescopio OGS instalado en el Observatorio del Teide, en Tenerife. Pero el SST tiene un espejo de 3,5 metros de diámetro, tres veces más grande que loshasta ahora disponibles; su campo de visión es más amplio y también es más sensible y rápido, con lo que detecta objetos hasta ahora invisibles.

El objetivo es poder estimar mejor la trayectoria dela basura, de forma que los operadores de satélite y los controladores de la Estación Espacial Internacional -o de cualquier otra misión tripulada- puedan evitar posibles colisiones.Los fragmentos de basura en órbita alcanzan velocidades de más de 7 kilómetros por segundo, por lo que incluso una partícula de pocos milímetros se convierte en una bala capaz de provocar daños graves. El SST, con un coste de 110 millones de dólares, concentrará sus observaciones en la órbita más poblada de satélites de telecomunicaciones, la geoestacionaria, a unos 35.000 km de altura.

Esta chatarra se ha convertido en un problema. En el sector se teme que lleguen a producirse tantos choques entre los propios fragmentos que se dispare una reacción en cadena -con cada choque, más partículas-. Hay motivos para preocuparse. En 2007 China destruyó un satélite propio con un misil y generó millones de partículas de menos de un centímetro, decenas de miles de entre 1 y 10 centímetros y unas 800 más grandes. La operación, considerada ensayo de tecnologías bélicas, fue luego repetida por EEUU, aunque esta segunda vez no se generó basura. En 2009 chocaron por primera vez dos satélites enteros, uno ruso que no se utilizaba y uno de la red Iridium. De nuevo se multiplicó la chatarra en órbita.

Por ahora no hay una opción clara para eliminarla. Una propuesta reciente sugiere que se podría reducir empleando láseres de muy baja potencia. Ante la previsión de un choque, se lanzaría un láser capaz de calentar la partícula lo bastante como para modificar su trayectoria. Pero los críticos creen que este método podría ser usado también como arma contra otros satélites, lo que genera desconfianza.


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