La inversión en salud mejora la salud económica de los países

La salud pública global es un bien indispensable para el crecimiento económico. Una conclusión muy clara para el economista británico Angus Deaton y el epidemiólogo brasileño Ciro de Quadros.

Ambos expertos, galardonados con los premios Fundación BBVA Fronteras del Conocimiento en Economía y Finanzas y en Cooperación, respectivamente, han recomendado a los gobiernos que consideren la salud como una inversión y no como un gasto. Los aportes a los programas sanitarios, por tanto, no pueden disminuir a pesar de la crisis, señalaron.

De Quadros, directivo del Sabine Vaccine Institute en Washington y una de las  figura clave en la eliminación de la polio y el sarampión en América y de la erradicación de la viruela a nivel internacional, ha mencionado la salud como aspecto clave para el desarrollo de los países. Una disminución de un 10% en la tasa de mortalidad ayuda a aumentar la riqueza del país en un 1%. La salud es uno de los elementos que contribuyen significativamente al desarrollo económico, de acuerdo al experto.

Pero crecimiento y desarrollo no siempre equivalen a bienestar; algo para lo que es necesario programas específicos, explica De Quadros. Programas como los de vacunación, en los que trabaja el brasileño. El experto en salud pública pone de ejemplo Indonesia, donde un estudio muestra que los niños inmunizados (y por tanto más sanos ya que se enferman menos) tenían mejores calificaciones en la escuela que los que no se habían vacunado.

Deaton, catedrático de la Universidad de Princeton y reconocido por sus investigaciones sobre pobreza y felicidad, también plantea que existe una relación entre mejor salud pública y más desarrollo. "Una población saludable trabaja más y obtiene más ingresos, mientras que en todo el mundo los enfermos tienen ingresos más bajos", señala.

Y el principio funciona también a escala global, un país más sano contribuye más al crecimiento mundial.

La rentabilidad de los programas en salud es nítida; pero aunque no lo fuera, argumenta Deaton, habría que seguir invirtiendo en ellos. "No necesitamos el crecimiento económico para justificarlo. Salvar la vida de los niños es algo maravilloso, por ejemplo, así que habría que seguir haciéndolo" dijo el experto.

La situación económica compleja, no predispone mucho a algunos gobiernos a invertir en salud pública. A pesar de esto, ambos investigadores señalaron la importancia que los países desarrollados continúen apoyando a los que están en vías de desarrollo. Y que estos, afirma De Quadros, empiecen a trabajar para poner sus propios recursos y responsabilizarse de ellos.

Es necesario cambiar el paradigma del papel paternalista de los organismos internacionales: los países deben ser responsables de sus propios programas, afirma De Quadros.


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