Respirar bien para vivir mejor

Podemos vivir varias semanas sin ingerir alimentos, unos pocos días sin tomar agua y seguir vivos, pero bastan solo unos minutos sin respirar para que la vida termine.

Antiguos proverbios destacan la relación de la respiración con la calidad de vida y la salud, al extremo de señalar que la edad está en relación inversa a la cantidad de respiraciones.
La mayor contaminación y el ritmo acelerado de la vida actual nos impide respirar correctamente en la mayoría de los casos. Cuando inhalamos el aire por nuestra boca, éste no se filtra y limpia, ni tampoco se calienta y humedece como lo hace cuando lo hacemos por la nariz. Como consecuencia de esto, el aire que ingresa en nuestro cuerpo puede estar acompañado de agentes nocivos para nuestra salud.
Una respiración apresurada origina una mala oxigenación de la sangre, pues los pulmones no alcanzan a involucrar todos los alvéolos pulmonares y por lo tanto, los capilares que se encuentran dentro de estos no pueden captar todo el oxígeno que el cuerpo necesita para su adecuado funcionamiento y realizar el intercambio de gases botando el anhídrido carbónico.
La respiración adecuada activa el sistema linfático, que cumple una función vital en elimina toxinas.
Las escuelas de oriente, china e india principalmente, le dan a la inspiración importancia primordial, ubicando en tercera posición a la retención y en segunda a la expiración, ya que: En la inspiración se incorpora un mayor o menor volumen de aire, se filtra, calienta y humedece el aire, la expiración ocupa el doble de tiempo que la inspiración, porque en ese lapso se realiza el drenaje linfático, o en otras palabras, se limpia el organismo. La retención oxigena la sangre y activa el sistema linfático.

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