La Concertación debe explicaciones por política comunicacional

Los líderes de la Concertación debiera explicarle a sus bases y al país el porqué, en sus sucesivos gobiernos, se desarrolló una política de desinformación y falta de debate de TVN respecto de los grandes temas nacionales. Junto a un abuso de programas de farándula y realities.

En el gobierno de Aylwin tímidamente en el programa La manzana de la discordia se intentó realizar un debate sobre temas de interés desde una perspectiva social y cultural, como el divorcio, la pena de muerte y el boxeo. Temas que aunque producían y producen opiniones divergentes son amplio interés. Sin embargo, en lugar de constituir un primer paso en la dirección de enfrentar los grandes problemas de interés público, dicho programa –pese a que tenía alta sintonía- desapareció prontamente, sin ser sustituido después por nada análogo.

Posteriormente, TVN (y los demás canales de televisión) se limitaron a efectuar programas de debate circunscritos a dirigentes políticos de la Concertación y la derecha, centrados en las pequeñas controversias del día a día generadas en torno a la evolución de “la democracia de los consensos”; pero donde se desechaban también los principales asuntos del país. Lo mismo cabe señalar respecto de los foros preelectorales, dado que las dos grandes coaliciones políticas –usando la expresión de Edgardo Boeninger- experimentaron desde fines de los 80 una “convergencia” respecto del pensamiento y el modelo económico neoliberal.

De este modo, ninguna de las bases fundamentales de la verdadera refundación nacional efectuada por la dictadura se constituyeron en temas de investigación y debate para TVN y, por cierto, para el resto de los canales de televisión. Así, bajo los gobiernos de la Concertación nunca se investigaron ni debatieron la evolución y los alcances de la extrema desigualdad en la distribución del ingreso heredada del régimen de Pinochet y consolidada e incrementada por los gobiernos concertacionistas; ni menos las denuncias sobre los gigantescos fraudes estadísticos destinados a “aminorarla”, que se demostrarían con las grandes inconsistencias en los ingresos nacionales medidos por el Banco Central y por las encuestas Casen.

Tampoco se investigó ni se debatió la aplicación de una política del cobre que, además de desnacionalizar más del 70% de la gran minería, se expresó en la exportación de concentrados del metal rojo que inundó durante años el mercado mundial bajando enormemente los precios del producto; y que omitió su refinación e industrialización. Ni menos el hecho de que, utilizando diversos resquicios legales para cancelar impuestos irrisorios, las grandes multinacionales del cobre le restaron al Estado chileno miles de millones de dólares.

Para qué hablar sobre las transformaciones del gobierno de Pinochet como las famosas siete modernizaciones, consolidadas por la Concertación, en las AFP, las Isapre, la Loce-LGE y la ley de universidades que -además de mercantilizar y segmentar al extremo servicios básicos como la previsión, educación y salud- cualquier mínima investigación comparativa con países europeos e incluso latinoamericanos hubiese desnudado su índole ferozmente regresiva e injusta.

En definitiva, TVN y los demás canales de televisión no solo continuaron desinformando a la sociedad chilena respecto de las “modernizaciones” de la dictadura; sino que contribuyeron decisivamente a generar en la sociedad chilena una concepción de que la refundación económica, social y cultural que aquella había hecho del país tenía un carácter “natural”. De que ni siquiera tenía sentido analizar, comparar, investigar ni debatir el conjunto de instituciones y estructuras heredadas de dicho régimen. De que lo único que había hecho mal la dictadura era las violencias que había ejercido contra la población; pero que su obra estructural e institucional había sido, en la práctica, positiva.

A tal punto llegó TVN (y los demás canales) en estos temas que toda noticia respecto de la profundización del modelo neoliberal durante  los gobiernos de la Concertación como nuevas privatizaciones o concesiones de servicios básicos; inversiones extranjeras adicionales, particularmente en el cobre; o más tratados bilaterales de libre comercio- era presentada como una noticia positiva per se, sin analizarla y ni siquiera describirla.


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