Ortodoxia frente a teología crítica

Jesús apenas hace pie en la historia, de acuerdo al nuevo libro de Joseph Ratzinger (Benedicto XVI), Jesús de Nazaret: Desde la Entrada en Jerusalén hasta la Resurrección. La visión papal es la imposición del pensamiento único sobre el pluralismo, tarea que Ratzinger - Benedicto XVI lleva treinta años realizando en la teología católica en todos los terrenos: seminarios, universidades católicas, facultades de teología, investigaciones, publicaciones eclesiásticas.

Primero Joseph Ratzinger lo realizó al frente de la Congregación para la Doctrina de la Fe, cargo al que fue llevado por Juan Pablo II, y ahora, como Papa, sigue definiendo la ortodoxia y condenando el relativismo, al que califica de dictadura.
El actual papa ha desempeñado la función magisterial en forma autoritaria, sin arredrarse a la hora de amonestar, citar a juicio o firmar sentencias condenatorias contra teólogos y teólogas que no comparten su pensamiento, aún cuando se trate de especialistas de indudable prestigio, colegas con quienes compartió la docencia, e incluso alumnos a los que como profesor puso las mejores calificaciones y contribuyó a publicar sus trabajos iniciales.
Este manera de actuar represiva de las libertades de expresión, de cátedra y de investigación se encuentra en sentido contrario al concilio Vaticano II, que invitaba a tener el espíritu crítico más agudizado ya que libera la vida religiosa de un concepto mágico del mundo y de residuos supersticiosos y facilita una adhesión verdaderamente personal y operante de la fe.
Con la aparición de este segundo volumen de su cristología Jesús de Nazaret. Desde la Entrada en Jerusalén hasta la Resurrección vuelve a fijar el trazado de la recta doctrina.
Es cierto que no es una declaración magisterial de carácter dogmático, sino más bien un ensayo teológico, pero tiene la impronta papal en la portada donde aparece el doble nombre: Joseph Ratzinger Benedicto XVI.
La imagen que presenta en el libro es la un Jesús pensado y vivido desde la fe de la Iglesia y despolitizado. Un Jesús que pasa por la tierra sin tocarla y sin involucrarse en la vida social de su pueblo, un Jesús que no constituye peligro alguno para el Imperio Romano, que anuncia un reino de Dios basado en la "verdad que está en el intelecto de Dios".
La visión del libro presenta un Jesús que separa nítidamente religión y política, y cuya muerte no se debe al conflicto con el poder, sino sólo autoentrega para la reconciliación de la humanidad con Dios.
Benedicto XVI pone distancia de esta manera con la exégesis liberal y desconfía de los métodos histórico-críticos, como ya lo hizo en la primera parte publicada en 2007.
La mirada papal es ciega a los resultados de las investigaciones de la sociología, la arqueología, la antropología cultural y la historia social sobre el Jesús histórico y el cristianismo primitivo.
Descarta los aportes de las teologías políticas y de la revolución. Desconoce algunas de las más importantes e influyentes cristologías de la segunda mitad del siglo XX, escritas por colegas suyos como Edward Schillebeeckx, Karl Rahner y Hans Küng. Silencia las reflexiones de la teología de la liberación sobre la praxis histórica de Jesús bajo la guía de la opción por los pobres.
Es por tanto la imposición del pensamiento único sobre el pluralismo, del dogma sobre el símbolo, de la ortodoxia sobre la ortopraxis y, en fin, de la Iglesia sobre Jesús de Nazaret.

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