China es ya una nueva superpotencia, pero la base de su crecimiento: la mano de obra barata producto de la migración campesina subsiste en condiciones de explotación. " />


El lado oscuro del milagro chino

China es ya una nueva superpotencia, pero la base de su crecimiento: la mano de obra barata producto de la migración campesina subsiste en condiciones de explotación.

El explosivo crecimiento chino de las últimas tres décadas tiene cifras muy altas. Las cuentas nacionales de China muestran un sostenido crecimiento económico del 10% anual, el gigante asiático ha llegado a ser el primer exportador e importador del planeta y en la nación con mayor reservas a nivel mundial  y está a punto de superar a Estados Unidos como el mayor mercado interno global.

Sin embargo el "milagro" tiene un aspecto oscuro. La base de este salto económico son más de 200 millones de migrantes que dejaron el campo para trabajar en la ciudad.

Estos migrantes constituyen la tercera parte de la población económicamente activa (en edad laboral: de 15 a 64 años) y no tienen acceso a la salud o la educación, por lo que para ellos, el milagro chino es una ilusión.

Hsiao Hung-pai, autora de "Scattered Sands" y "Chinese Whispers", dos estudios acerca del fenómeno de la migración china menciona una situación de marginación y máxima vulnerabilidad de los migrantes, sea en el sector minero donde hay más de 3.000 muertos anuales por accidentes, como en las fábricas o la construcción.

Los trabajadores migrantes perciben solo la mitad del salario típico urbano y carecen de protección laboral o legal. No poseen contrato, las condiciones de seguridad son insuficientes, el salario es bajo y, ante la inexistencia de derechos laborales, en ocasiones no les pagan. A lo anterior se agrega el registro domiciliario, el Hukou, que posibilita acceso a la salud y la educación públicas.

Un campesino no tiene permitido trasladar su Hukou a la ciudad. A más, obtiene un permiso transitorio de residencia. Si tiene una enfermedad, debe pagar como un paciente privado o regresar al lugar de su hukou para ser atendido. Una urgencia médica puede ser una tragedia no solo a nivel físico, sino financiero.

En síntesis, estos 200 millones de migrantes internos son una especie de fantasmas que transitan por las urbes chinas casi sin derechos. Todo esto es negado por la sociedad y el gobierno. Ante los ojos de los beneficiados del modelo chino –las clases medias y los ricos– los migrantes son personas que viven en esas condiciones por su ignorancia y falta de cultura.

Una situación pavorosa, pero si migran debe ser porque están mejor en la ciudad que en el campo.

 Es una elección sin libertad. Es por desesperación, porque no hay otras opciones. Un causa típica de migración es el tema de la salud. La salud está en manos del estado, pero desde que Deng Xiao Ping lanzó su Gaige Kaifan –la apertura procapitalista de la economía- se maneja con criterios privados de beneficio económico, con lo cual la atención médica es cara y no accesible para muchos.
Uno de los tantos casos que investigué en mi libro dice Hsiao Hung-pai fue el de un joven campesino llamado Peng que tuvo que migrar para pagar el tratamiento médico de su tío. Peng terminó trabajando en la capital, Pekín, en la construcción y la industria de seguridad, dos actividades con mucho trabajo en negro. Muchas veces, simplemente no le pagaban por su trabajo, pero no se planteaba volver porque su familia dependía de eso poco que ganaba.

Otra razón típica de migración es la confiscación de la tierra. La tierra pertenece al estado que la cede por períodos normalmente de 30 años a los campesinos. Pero debido al desarrollo y la enorme especulación inmobiliaria, las autoridades municipales suelen confiscar la tierra y muchas veces no pagan la compensación correspondiente de acuerdo a la ley. Sin esa tierra que apenas les daba para sobrevivir, los campesinos deciden migrar a la ciudad.

¿Cuál es la lógica político-social del Hukou?

El Partido Comunista chino introdujo el Hukou en 1958 para controlar la migración de campo a ciudad e impulsar una industrialización acelerada, financiada con los impuestos y el sacrificio de los campesinos.

En Shanghái y Guanzhou, dos centros clave del crecimiento económico chino, hay un sistema de puntaje similar para aceptar inmigrantes. Se tiene en cuenta la edad, la educación, el empleo, la capacitación y el tipo de experiencia laboral del que solicita el Hukou. Solo los que tienen puntaje más alto pueden acceder al Hukou y beneficiarse de la política pública de vivienda, salud, educación.
El resto obtiene en el mejor de los casos un permiso de residencia temporario o son directamente ilegales. En ambos casos están condenados a un existencia semimarginal.

Sin embargo, ha habido experimentos para cambiar el Hukou, así como para universalizar las pensiones y el acceso a la salud y educación.
El gobierno de Sichuan inició una reforma del Hukou que debe completarse este año por el que un campesino puede transferir su hukou del campo a la ciudad. Pero hay una condición. El campesino debe abandonar el derecho que tiene sobre la tierra que está cultivando.
Esto ha hecho fracasar la reforma porque los campesinos lo consideran una confiscación indirecta de la tierra. Como no confían en las autoridades, creen que van a perder lo poco que tienen y que además no van a recibir la compensación que les corresponde.

En China no existe el concepto de que estos campesinos son ciudadanos. Solo el que vive en la ciudad lo es. Un habitante de Pekín puede cambiar su Hukou a Shanghái o al campo sin problemas. Un campesino no.

En salud, la situación es particularmente dramática porque cuando en 1982 se abolieron las comunas, que suministraban salud gratis a todo el mundo, los campesinos quedaron sin cobertura médica.

En China no hay sindicatos independientes. A pesar de ello, el grado de conflictividad sindical es muy alto. ¿Han surgido organizaciones independientes para representar a los migrantes?

¿Hay perspectivas de cambio en el modelo?

No hay cambio a la vista. Los cambios no pueden suceder de arriba a abajo cuando la población misma no está implicada de ninguna manera.

Los campesinos han sido casi siempre relegados en aras de la industrialización de China.

Excepto durante algún tiempo del gobierno de Mao en que se promovió la industrialización ligera (a diferencia de la URSS) la colectivización del campo ha servido para mantener el crecimiento industrial y la población urbana. Con Deng Xia Ping pasó lo mismo con el Gaige Kaifang que privatizó la explotación de la tierra y eliminó la red de atención sanitaria y beneficios sociales de la era maoísta.

El mundo globalizado prefiere creer en un milagro chino. Pero si se observa los mercados laborales informales existentes en las grandes ciudades, la historia es completamente distinta.
¿En verdad se puede  considerar milagroso un modelo que explota a la tercera parte de su población económicamente activa?


Noticias RSS  Feed RSS

Suscríbete a los diferentes secciones de noticias usando su respectivo feed.