Fondos poco santos del banco Vaticano

Después de tres décadas de los escándalos del Banco Ambrosiano y la misteriosa muerte del cardenal Marcinkus, las finanzas del vaticano vuelven a estar bajo la mirada pública por supuesto lavado de dinero.

Hace muy poco el Departamento de Estado de EE.UU. incorpó al Vaticano en la lista de estados en lo que hay inquietud sobre actividades de lavado de dinero que pudieran financiar actividades terroristas o del narcotráfico.
Esto podría acarrear un problema de imagen para la Santa Sede, sobre todo por la nunca bien aclarada actuación del IOR en la quiebra del Banco Ambrosiano en 1982, un episodio marcado por la misteriosa muerte de Roberto Calvi ("el banquero de Dios") quien apareció ahorcado en un céntrico puente de Londres.

La historia que explotó el año 1982 con la muerte de Roberto Calvi tuvó otro actor principal en el Cardenal Marcinkus. Este fue guardaespaldas del papa Pablo VI, lo que le valió el sobrenombre de El Gorila. Posteriormente Marcinkus se hizo amigo del Padre Pasquale Macchi, secretario del papa, por lo que Pablo VI lo nombró obispo y, posteriormente, lo puso al frente del Banco del Vaticano, sin tener Marcinkus ninguna experiencia financiera.

Marcinkus fue presidente del Banco del Vaticano desde 1971 hasta 1989, manteniendo el control del dinero de los fondos católicos, lo que lo convirtió en uno de los hombres más poderosos en la Iglesia.

Posteriormente su reputación fue deteriorada por las acusaciones de Michele Sindona, que lo vinculaba a la debacle del Banco Ambrosiano. Sindona, presidente de la Banca Privada y próximo a la mafia italiana, puso a las autoridades sobre su pista, al quebrar su entidad. Sindona acusó al arzobispo Marcinkus y a Roberto Calvi, miembro de la logia masónica P2, de haberse relacionado con él en diversas operaciones consideradas de alta exposición que llevaron a la quiebra en 1982 del Banco Ambrosiano, uno de los mayores fraudes de la banca privada en Italia.

El escándalo del Ambrosiano estuvo acompañado de varias muertes sospechosas, entre ellas la de su presidente, Roberto Calvi, quien apareció colgado del puente de Blackfriars, en el centro de Londres (17-06-1982), en lo que la policía italiana clasificó en el inicio como suicidio, aunque en 2007 un tribunal de Roma no pudo determinar la culpabilidad de cinco personas vinculadas a la mafia acusadas de matar al banquero.
Durante las investigaciones de la quiebra del Banco Ambrosiano el juez del caso citó a los directores del IOR por "grave responsabilidad" en el descalabró ninguno compareció, amparado en el estatus de inmunidad diplomática que les daba ser miembros del Vaticano.
El banco vaticano nunca reconoció responsabilidades y se creó una comisión de la iglesia y el estado italiano para esclarecer el caso, pero no llegó a conclusiones unánimes sobre la responsabilidad jurídica del IOR.
No obstante esto, se le adjudicó a los banqueros vaticanos una responsabilidad "moral" y pagaron voluntariamente unos US$406 millones al fondo de liquidación del Ambrosiano.

Nuevamente las finanzas del vaticanos se ven remecidas por escándalos similares ya que en fecha reciente (septiembre de 2010) el director del banco Ettore Tedeschi fue puesto bajo investigación por las autoridades financieras italianas por el supuesto lavado de dinero de unos US$50 millones, sobre las que el IOR no informó previamente como exige la ley.

Aunque el Vaticano se dijo "perplejo y asombrado" y expresó su confianza en Tedeschi, el episodio motivó una invitación a la agencia de supervisión de la Asociación Bancaria Internacional para establecer mecanismos de comunicación y control.
El periodista Jason Berry, autor de un libro titulado "La vida secreta del dinero en la iglesia católica", una investigación sobre las finanzas vaticanas asegura que hay "dudas razonables" sobre algunos negocios bancarios vaticanos.

"Desde hace años ha habido acusaciones y señalamientos de que el banco del Vaticano, IOR, sirve como paraíso impositivo para algunos de sus clientes, casi como si fuera un banco costa afuera" dijo Berry.

En medio de estas acusaciones, la Santa Sede adoptó nuevas leyes para cumplir con los estándares internacionales e instituyó una Autoridad de Información Financiera para relacionarse con los organismos de monitoreo mundial.

Sin embargo Perry no le otorga mayor importancia a las nuevas normas, ya que considera que "el hecho de que el banco nunca ha estado en los registros de los estados fiscales anuales del Estado Vaticano indica que ellos no quieren ese tipo de divulgación".

De acuerdo con lo publicado en la prensa italiana, JP Morgan pidió información al IOR sobre movimientos en una de sus cuentas que fueron considerados "extraños" por las autoridades financieras italianas, pero los banqueros vaticanos no habrían respondido satisfactoriamente por lo que decidió suspender sus negocios con el banco.

"El Vaticano tiene un culto al secreto. Es muy difícil hallar alguna información allí" dice David Willey explicando al mismo tiempo la política informativa de la Santa Sede y el celo con el que maneja sus temas financieros.


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