Fallece poeta chileno Gonzalo Rojas

"Jugaste bastante, comiste romanamente, y bebiste: ¡tiempo de que te vayas!". Gonzalo Rojas pronunció estas palabras de Horacio en el año 2003 en su discurso de recepción del Premio Cervantes. El poeta chileno, que en esa fecha dijo estar en la "reniñez", ha jugado, comido, bebido y vivido ocho años más, pero hoy 26 de Abril murió en Santiago de Chile,

Gonzalo Rojas nunca se adaptó a Santiago la ciudad, capital de Chile y prefirió residir en Chillán, 400 kilómetros al sur. Tenía 93 años y su vida fue, como señaló su hijo Gonzalo, "una tremenda vida". Esa es una buena síntesis para los días del poeta que el pasado 22 de febrero experimentó un infarto cerebral que lo dejó en un "estado de sopor". El ataque le sobrevino cuando trabajaba en sus memorias a partir de los cuadernos en los que anotaba unos recuerdos que nunca quiso que fueran publicados mientras él viviera.
Nació el 20 de diciembre de 1917 en Lebu, un pueblo del Chile meridional -pesquera y minera; "con mucho mito", acostumbraba a decir él-.
Estudió en el internado de jesuitas alemanes de Concepción desde los 10 años. "Soy hijo de minero del carbón", contó de su infancia. En su juventud, se dedicó a la alfabetización de los trabajadores de Atacama, en el norte: "Los mineros del cobre me enseñaron mucho más que el surrealismo".
Sus versos, surgidos de una doble veta -"la sanguínea y la imaginaria"-, quedaron reunidos en 2000 en el volumen Metamorfosis de lo mismo (Visor).
Su obra fue reconocida por premios como el Reina Sofía de Poesía Iberoamericana, el Octavio Paz de Poesía y Ensayo o el Cervantes. Su primer libro, La miseria del hombre, fue publicado en 1948. Luego le seguirían títulos como Contra la muerte, Transtierro, Materia de testamento o No haya corrupción.
Ejerció como profesor de literatura durante años, Rojas y luego como diplomático en China y Cuba con Allende hasta que el golpe militar de 1973 lo lo llevó al exilio esta vez. Retornado del exilio se instaló en su casa de Chillán, desde donde no dejó de viajar mientras se lo permitió la salud.
Gonzalo Rojas consiguió administrar con voz personal la erótica y telúrica herencia poética de Pablo Neruda. Se convirtió así en uno de los dos grandes polos de la poesía chilena. El otro sigue siendo la irónica antipoesía de Nicanor Parra, quien mayor tres años que Gonzalo Rojas, ahora le sobrevive.

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